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La tortura como crimen Internacional
Ponencia presentada en la Casa de las Naciones Unidas de Honduras, durante la presentación del Libro “Justicia Universal Para Crímenes Internacionales “por el jurista español Manuel Ollé Sesé.
Todo esfuerzo de lucha contra la tortura merece ser aplaudido y apoyado y todo silencio es signo de complicidad con este crimen internacional. Partiré del contexto de Honduras, corazón de Centroamérica; un país casi ignorado en el escenario internacional, del cual, solo se conocen los desastres como el huracán Mitch o las masacres en las cárceles; sin embargo tratare como sobreviviente de la tortura de ser consecuente con la verdad y la historia de nuestro pueblo; cuyo sufrimiento se refleja en la explotación minera, en los desalojos violentos, asesinatos de niños , niñas mujeres y jóvenes; violaciones a la soberanía alimentaria, soberanía energética y soberanía territorial; injusticia climática y pobreza extrema. En consecuencia no puedo guardar silencio ante estos hechos violentos y opresores; por el contrario mi conciencia social me obliga a expresarme y a eximir de responsabilidad de mis actos a los organizadores del evento y a la institución donde pronuncio estas palabras. Los escenarios pedagógicos de la tortura son inseparables de las situaciones prebélicas, de la guerra establecida y de la postguerra. Durante la guerra centroamericana, Honduras fue ocupada militarmente por los Estados Unidos de América, situación que continua creciendo en la actualidad con nuevas bases y maniobras como la iguana voladora. Esta ocupación que hiere nuestra dignidad, ha servido desde entonces para utilizar nuestro territorio y amenazar o agredir a los pueblos hermanos de América Latina. En la época que se inició la “ocupación militar” se caracterizó por “Desaparecidos y Torturados” fungía como Presidente de la República Dr. Roberto Suazo Córdova, General Gustavo Álvarez Martínez, Jefe de las Fuerzas Armadas y John Dimitri Negroponte, Embajador de Estados Unidos de América, en Honduras. Durante la década de los años ochenta, cuerpos militares y policiales hondureños y centroamericanos fueron entrenados en la práctica de la tortura en la Escuela de las Américas de Estados Unidos, en Chile con Pinochet y en las Escuelas militares de Argentina y Panamá. Como testimonio de estos hechos es que Honduras se elaboro y practico el Manual de Tortura de la CIA que se ha utilizado en Irak y Guantánamo. Durante el ejerció de esta política internacional ha sido frecuente que se establezcan alianzas mediante el ejercicio del poder económico, geopolítico que presiona a los gobiernos dependientes para que los cuerpos represivos de un país puedan viajar a otra nación a cometer actos de tortura; estos hechos abominables han ocurrido con frecuencia en la historia centroamericana. La tortura ha cambiado de rostro y las palabras que la justifican son la lucha contra el terrorismo, la delincuencia y la democracia. En Honduras los verdaderos terroristas contra el pueblo son los propios torturadores y las políticas y tratados que garantizan la violación de los derechos humanos en la forma mas cínica e impune. En pleno siglo XXI, en Honduras continúa practicándose la tortura; sus principales afectados son campesinos indígenas, garífunas, jóvenes, mujeres y defensores de los derechos humanos y del ambiente Entre los años 2003 y 2008, ocurrieron cuatrocientos cincuenta muertes en los establecimientos penitenciarios de Honduras; de las cuales el 96% fueron violentas. La mayor parte fue objeto de tortura, y masacres. Siete de cada diez personas detenidas en los centros policiales son torturadas. Varios de los personajes acusados de tortura, continúan ocupando cargos importantes en los cuerpos represivos del Estado y forman parte de los sistemas de seguridad privada que son más numerosos que la policía y el ejército hondureño.
Según el criterio del Jurista Manuel Ollé Sesé se denominan crímenes internacionales de primer grado (genocidio, crímenes de lesa humanidad y torturas, entre otros); aquellos que tienen en común, el hecho de que “son cometidos en su mayoría –o, cuando menos, con cierto grado de autoría o participación- por miembros de un Gobierno, por organizaciones políticas o grupos afines que puedan ejercer el gobierno de facto, bajo un plan organizado, dirigido y/o preconcebido, incluso en tiempos de paz”, y que son “de naturaleza universal [que] suponen una violación grave –que, además puede ser, aunque no necesariamente, masiva y/o sistemática- de derechos humanos, lo que se traduce en la responsabilidad penal individual del sujeto transgresor al margen de su actuación, o no, en nombre de un Estado determinado”. En consecuencia los perpetradores deben ser perseguidos por el tribunal de cualquier Estado, independientemente de que si la tortura se ha cometido por autores extranjeros, en territorio extranjero y contra víctimas extranjeras. La visita a Honduras de John Dimitri Negroponte emisario de la guerra en Vietnam, Centroamérica, Irak, el incremento de maniobras bélicas y la remilitarización de los cuerpos policiales en nuestro suelo patrio y en otros países de América Latina son indicadores de que la promoción y practica de la tortura se incrementaran. Sin anidar el odio ni la venganza; hoy mas que nunca se requiere que nuestros pueblos conozcan la verdad, se solidaricen para poner en practica la justicia contra todo sistema o forma de gobierno, autores materiales e intelectuales que promueven y practican la tortura, la cual es incompatible con la verdadera democracia y paz; el respeto a la vida y la dignidad; el amor humano y planetario.
Tegucigalpa 9 de junio 2008
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